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11/06/2018

El Mercurio Legal | El nuevo escenario de la piratería: dificultades y desafíos

prensa

Por: Óscar Molina y Juan Pablo Zamora

Durante los últimos meses el escenario de la persecución de productos falsificados ha sufrido un importante cambio. El número de grandes cargamentos con miles de productos falsificados ha tendido a la baja (a pesar de que sigue siendo alto), mientras que cada vez es más común que el Servicio Nacional de Aduanas detecte pequeños cargamentos, que muchas veces no llegan a las varias decenas de productos.

Esto no es una casualidad, sino que dice relación con un cambio radical en el modelo de negocios de la comercialización de productos falsificados, un cambio que vincula al productor directamente con el consumidor final a través de sitios web de venta de productos de uso muy sencillo, eliminando de paso al distribuidor local de productos falsificados.

La proliferación de estos sitios, que ofrecen productos falsificados a precios muy bajos, además de envíos de bajo costo o incluso gratuitos, ha permitido que los consumidores puedan acceder a ellos a través de compras al detalle, en volúmenes pequeños, las que a menudo son declaradas como envío de regalos, lo que los vuelve sumamente difícil de identificar y rastrear para los servicios de aduanas.

Lo anterior supone un contexto adverso a la estrategia que hasta hoy se ha tenido para enfrentar el comercio pirata: localizar a los vendedores locales de estos productos y con ello impedir la comercialización de los mismos, ya sea interceptando el cargamento antes de que sea recepcionado, o bien mediante fiscalizaciones una vez que los productos falsificados ya se encuentran en el mercado. Todo esto basado en normas locales de aplicación nacional.

En un escenario en el que no existe un gran cargamento, sino que muchos cargamentos de pequeñas cantidades de productos falsificados, la posibilidad real de interceptar un número importante de estos es considerablemente más baja. Si a esto le sumamos que dichos cargamentos llegan directamente a los domicilios de los consumidores, es decir, nunca “ingresan al mercado” en nuestro país, la opción de retirar estos productos mediante fiscalización es casi nula.

A estas dificultades prácticas tenemos que agregarle aquellas de naturaleza jurídica: el proveedor de estos productos se encuentra en el extranjero y opera a través de un sitio web que puede estar registrado en un país diferente al del domicilio del pirata, distinto a aquel desde donde estos se producen e incluso desde donde se envían al consumidor final.

Los tribunales de justicia tampoco están ajenos a este cambio y deben comenzar a modificar ciertos criterios para responder a la nueva realidad. Solo a modo de ejemplo, el criterio actual de vincular el número de productos incautados con la existencia o no de un ánimo comercial por parte del infractor debe ser revisado, ya que en la actualidad existen medios suficientes para disfrazar un fin comercial con uno de consumo final. Al criterio actual habrá que sumarle elementos adicionales que permitan determinar fines comerciales, incluso cuando estemos en presencia de pequeñas cantidades de productos.

Lo anterior obliga tanto a los titulares de derechos de propiedad intelectual e industrial como a sus abogados a diseñar nuevas estrategias que permitan enfrentar de forma eficiente la piratería, ya que no existe capacidad de los servicios de aduanas, policía ni de los mismos estudios jurídicos para perseguir cada cargamento de dos o tres productos falsificados.

El desafío que este cambio de paradigma presenta no tiene una respuesta sencilla y significará profundizar alianzas de cooperación internacional y tender hacia una armonización de las normas que rigen la compra internacional de productos por internet al detalle, facilitando así la denuncia y persecución de quienes producen y venden falsificaciones, sin importar desde donde operan.

* Óscar Molina es asociado senior y Juan Pablo Zamora es asociado del grupo de propiedad intelectual de Albagli Zaliasnik.

Fuente: Mercurio Legal, 08 de junio de 2018.