Los invitamos a leer la columna de opinión de nuestro socio Rodrigo Albagli, quien repasa la evolución de la práctica de AdLaw y reflexiona sobre el rol de nuestra firma en el desarrollo de esta especialidad a nivel internacional.
Hace 25 años, en el bar de un hotel durante la conferencia anual de INTA en San Francisco, surgió una idea que en ese momento era apenas un sueño, algo tan ambicioso como poco concreto: armar una red internacional de firmas legales especializadas en regulación de publicidad y marketing. Así, hace un cuarto de siglo ya, nació la Global Advertising Lawyers Alliance (GALA).
En aquel entonces, hablar de Advertising Law o AdLaw en Latinoamérica era adelantarse a una conversación que prácticamente no existía. El foco de las firmas locales estaba puesto en las áreas corporativas tradicionales; la regulación de la publicidad no parecía un tema de interés prioritario y se percibía lejana a la sofisticación regulatoria que tiene hoy.
Tenía en ese momento 34 años y, como corresponde a ese momento de la vida, más entusiasmo que certezas. Aun así, cuando me preguntaron si quería representar a Chile en esta alianza internacional, mi respuesta fue inmediata: “Cuenten conmigo”.
Mirando hacia atrás, creo que esa decisión refleja algo que sigue siendo esencial en el management de firmas legales: la capacidad de anticipar hacia dónde se mueve el mercado antes de que los espacios sean ocupados y saturados por múltiples jugadores. Porque lo que vino después transformó por completo esta disciplina.
La regulación publicitaria dejó de ser un nicho. El auge del e-commerce, las plataformas digitales, las redes sociales, la privacidad de datos y el influencer marketing cambiaron radicalmente la manera en que las marcas se comunican con las personas. Y, en consecuencia, transformaron también el rol del abogado.
Hoy las fronteras comerciales son difusas. Una campaña puede lanzarse simultáneamente en múltiples jurisdicciones, enfrentando normativas, sensibilidades culturales y estándares de cumplimiento completamente distintos. Eso nos obliga a ejercer con una mirada global, colaborativa y conectada.
En ese camino, GALA no solo se transformó en una red profesional de élite, sino en una comunidad de aprendizaje, confianza y amistad. Muchas de las personas que conocí en esa reunión improvisada hace más de dos décadas siguen siendo grandes amigos. Y ahí radica uno de los mayores aprendizajes de estos años: el ejercicio internacional de la profesión no se construye únicamente sobre el conocimiento técnico, sino sobre relaciones humanas de largo plazo.
Hace algunos días en Londres, en la antesala de una nueva conferencia de INTA, nuestra firma recibió un reconocimiento por ser una de las oficinas con mayor trayectoria y consistencia dentro de GALA. Más que un hito personal, lo veo como una señal de continuidad y de sostenibilidad institucional.
Las prácticas legales realmente sostenibles son aquellas que logran evolucionar y trascender a quienes las fundaron. Por eso, una de las cosas que más satisfacción me genera es ver cómo hoy está área sigue expandiéndose con fuerza de la mano de Ariela Agosin y Eugenio Gormáz, quienes lideran el área con una visión profundamente conectada con los nuevos desafíos del mercado.
La conversación sobre el ecosistema del marketing ya no pasa solo por la creatividad o el posicionamiento de marca. Hoy discutimos sobre ética digital, transparencia de algoritmos, protección de datos, sesgos de la inteligencia artificial, derechos de los consumidores y responsabilidad corporativa. Temas complejos que seguirán definiendo la agenda global de los próximos años.
Este cuarto de siglo se resume en una reflexión: el Derecho premia a quienes mantienen intacta la capacidad de innovar y la curiosidad. Esa misma curiosidad que me llevó a aceptar ese café inicial en San Francisco, en el que empezamos a construir esta iniciativa. Sin imaginar que estaríamos demarcando el estándar global de la práctica.
Columna escrita por:
Rodrigo Albagli | Socio | ralbagli@az.cl



