En este Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor te traemos el detrás de escena del álbum de figuritas Panini que seguro nadie te explico.
El 23 de abril se celebra el Día Internacional del Libro, fecha que la UNESCO instituyó para rendir homenaje a los libros y a la lectura como vehículos del conocimiento y la cultura. Este año, en un calendario que coincide con el Mundial de Fútbol, nos permitimos una interpretación “especial” de esta efeméride: ¿qué mejor libro para hablar de propiedad intelectual que ese cuaderno de tapas brillantes, páginas numeradas y espacios vacíos que genera más ansiedad coleccionista que cualquier novela de suspenso? Hablamos, por supuesto, del álbum de figuritas Panini.
Porque detrás de ese objeto aparentemente simple —un álbum que los niños (y muchos adultos) completan pegando láminas de jugadores— se esconde una arquitectura jurídica de una complejidad notable.
Cada figurita que se despega del sobre y se pega en su casillero es, en realidad, el resultado de una cadena de licencias, contratos y derechos que involucra a organismos internacionales, sindicatos de jugadores, fotógrafos, diseñadores y abogados de varios continentes.
Desenredar esa cadena es el propósito de estas líneas.
I. El álbum como obra: derechos de autor desde la primera página
Antes de hablar de jugadores y fotografías, hay que partir por lo más básico: el álbum en sí mismo es una obra protegida por el derecho de autor. Su diseño gráfico, la disposición de los elementos en cada página, la selección y organización de los contenidos, las ilustraciones decorativas, la tipografía y la paleta de colores constituyen una creación intelectual original que la ley protege desde el momento de su creación, sin necesidad de registro, y a nivel legal, producto del Convenio de Berna y su recepción en cada jurisdicción vía la legislación local.
En consecuencia, Panini posee los derechos patrimoniales sobre el layout del álbum.
Esto significa que nadie puede reproducir o adaptar el diseño del álbum sin autorización de Panini. Pero también significa que Panini, para incluir en ese diseño las marcas y símbolos del torneo —el logo oficial de cada Mundial, los escudos de las selecciones nacionales, los emblemas de la FIFA— necesita a su vez licencias de quienes son titulares de esos elementos.
El álbum es, en ese sentido, una obra colectiva construida sobre capas superpuestas de derechos de terceros.
II. El contrato con la FIFA: la licencia que lo hace posible todo
El punto de partida de toda la operación es el contrato de licencia entre Panini y la FIFA. Sin él, no hay álbum oficial. Ese acuerdo otorga a Panini el derecho a usar las denominaciones y marcas oficiales del torneo —”FIFA World Cup”, el logo de la edición, los nombres oficiales de las selecciones— y a comercializar productos coleccionables bajo esa identidad.
A cambio, Panini paga una licencia que, en los ciclos de los últimos Mundiales, se estima en cifras que superan ampliamente los cien millones de dólares.
Lo que hace interesante a este contrato desde el punto de vista jurídico es que no es simplemente una autorización de uso de marca: es también el acuerdo que define qué puede y qué no puede aparecer en el álbum, en qué formato, con qué calidad de imagen y bajo qué estándares de producción. La FIFA no solo licencia su nombre: licencia un estándar de presentación de su torneo.
III. La fotografía de los jugadores: una obra dentro de otra obra
Cada figurita contiene, en su elemento central, una fotografía de un jugador. Y ahí comienza una de las capas más interesantes del problema.
La fotografía es, en sí misma, una obra protegida por el derecho de autor. El fotógrafo que capturó la imagen —ya sea durante un partido oficial, un entrenamiento o una sesión fotográfica organizada— tiene derechos sobre esa obra: el derecho a ser reconocido como su autor y, crucialmente, el derecho patrimonial a autorizar su reproducción y uso comercial. Para que esa foto aparezca en una figurita de Panini, alguien tiene que haber negociado con el fotógrafo o con la agencia que administra sus derechos.
En la práctica, esto se resuelve de dos maneras. La primera es a través de acuerdos con agencias fotográficas especializadas en deportes —como por ejemplo, Getty Images y AFP— que administran los derechos de grandes catálogos de fotografías deportivas y licencian su uso para productos específicos.
La segunda es mediante sesiones fotográficas organizadas y pagadas por el propio Panini o por la FIFA, en las que los fotógrafos ceden contractualmente los derechos de uso comercial de las imágenes resultantes.
IV. El derecho de imagen del jugador: la capa más compleja
Pero tener derechos sobre la fotografía no es suficiente. Hay una capa adicional que es independiente del derecho de autor sobre la foto: Para que esa foto aparezca en una figurita de Panini, alguien tiene que haber negociado con el fotógrafo o con la agencia que administra sus derechos.
El derecho de imagen es el derecho que tiene toda persona a controlar el uso comercial de su propia imagen, nombre y likeness.
Es un derecho de la personalidad —protegido constitucionalmente en numerosos ordenamientos como un atributo del derecho de propiedad sobre bienes incorporales, y también considerado como un dato personal en las legislaciones más modernas en materia de protección de datos — que no se transfiere por el solo hecho de que alguien tome una fotografía. Para que esa foto aparezca en una figurita de Panini, alguien tiene que haber negociado con el fotógrafo o con la agencia que administra sus derechos.
Esto no es teoría abstracta. En Chile, allá por el año 2005, la Corte Suprema, vía apelación de un recurso de protección, tuvo oportunidad de pronunciarse directamente sobre este punto en un caso que involucró precisamente a Panini, ordenando el cese inmediato de la comercialización de un álbum llamado “Liga Italiana y nuestras estrellas” por haberse utilizado nombres e imágenes de futbolistas profesionales sin su autorización.
Nuestro máximo tribunal fue categórico: la imagen y el nombre de una persona son atributos de su personalidad, y su uso comercial requiere autorización expresa del titular.
V. FIFPro y la “negociación colectiva” de imagen: el sindicato entra a la cancha
Gestionar individualmente el consentimiento de los cientos de jugadores que aparecen en un álbum del Mundial sería operacionalmente inviable. La solución que el mercado ha desarrollado es la negociación colectiva a través de asociaciones y sindicatos de jugadores.
FIFPro —la federación internacional que agrupa a los sindicatos de futbolistas profesionales de todo el mundo— negocia con Panini y con la FIFA acuerdos marco que regulan el uso de imagen de los jugadores de forma colectiva.
En virtud de esos acuerdos, los jugadores que forman parte de las asociaciones afiliadas a FIFPro (como SIFUP en el caso de Chile) consienten, a través de sus representantes sindicales, en que su imagen pueda ser utilizada en productos oficialmente licenciados por la FIFA bajo determinadas condiciones y a cambio de una remuneración que se distribuye entre los jugadores participantes.
Es un mecanismo análogo a lo que ocurre con las entidades de gestión colectiva en las industrias que existen estas entidades (como la música), y al igual como ocurre con dichas entidades, el sistema no es perfecto: no todos los jugadores están afiliados a asociaciones que hayan suscrito estos acuerdos, y ocasionalmente surgen conflictos cuando un jugador considera que sus derechos de imagen están siendo explotados más allá de los términos del acuerdo colectivo.
Cuando la cadena se rompe: el caso de Chile en Sudáfrica 2010 y las láminas “Pop Up”
Que la cadena de derechos puede romperse quedó en evidencia de manera bastante pintoresca durante el Mundial de Sudáfrica 2010. En esa edición, los jugadores de la selección chilena aparecieron en el álbum en un formato denominado “Pop Up” —una imagen recortada, que no se pegaba en el álbum — en lugar del formato de lámina adhesiva que tenían todos los demás jugadores:

Foto: FIFA WORLD CUP 2010 STICKER ALBUM, editado y producido por Panini. Uso a modo de enseñanza e investigación.
La razón, que Panini reconoció expresamente, fue precisamente la falta de autorización sobre los derechos de imagen de los jugadores chilenos, ya que en ese momento el Sindicato de Futbolistas Profesionales Chilenos (SIFUP), quien estaba facultado para negociar los derechos de imagen de los entonces seleccionados chilenos tenía un convenio para el uso de la imagen de los jugadores en formato álbum con un competidor de Panini, la hoy extinta Salo.
Sin autorización para usar fotografías reales de los futbolistas en formato de láminas adhesivas, Panini recurrió al formato ilustrativo de los “pop ups”, pero que dejó a los coleccionistas chilenos con unas láminas notoriamente distintas al resto. El asunto llegó incluso al conocimiento de los tribunales y del SERNAC por las quejas de consumidores que sentían que el producto que habían comprado no era lo que esperaban y Panini fue condenado por publicidad engañosa.
La anécdota es ilustrativa de algo más profundo: en un producto como el álbum Panini, fue precisamente la falta de autorización sobre los derechos de imagen de los jugadores chilenos.
Un libro pequeño, una biblioteca de derechos
Al final, el álbum de láminas trasciende la idea de simple juego o entretenimiento. Se trata de un verdadero microcosmos en el que convergen el derecho de autor sobre fotografías y diseños, la protección marcaria de los símbolos del torneo, los derechos de imagen de numerosos deportistas y una compleja red contractual que da coherencia a todo ese entramado en un producto único.
En cada sobre se oculta, además del misterio de las láminas por descubrir, el resultado —invisible para el comprador— de negociaciones internacionales llevadas a cabo por múltiples actores en distintas partes del mundo.
En el Día Internacional del Libro, vale la pena recordar que no todos los libros que merecen atención tienen texto en sus páginas. Algunos tienen casilleros vacíos. Y llenarlos, resulta ser bastante más complicado de lo que parece.
Para obtener más información sobre estos temas, pueden contactar a nuestro equipo:
Eugenio Gormáz | Socio | egormaz@az.cl
Carlos Lazcano | Asociado Senior | clazcano@az.cl
Fernanda Rodríguez | Asociada | frodriguez@az.cl
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Matías Selamé | Asociado | matiasselame@az.cl
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